ENFRENTA BCS GRAVE ESTRÉS HIDRICO

por Marcos ROLDÁN

Tal vez hayas leído la parábola de la rana en una olla de agua hirviendo, haciendo alusión a la manera en cómo nos afecta un evento determinado.

“Una rana saltó dentro de una olla para nadar tranquilamente. No sabía que el agua se iba calentando poco a poco y el agua fría se transformó en agua tibia, la rana se fue acostumbrando y allí seguía nadando plácidamente. Poco a poco, subió de temperatura del agua y llegó a calentarse tanto, que la rana murió de calor”.

Hace alusión, en sentido figurado, a la manera en que gestionamos cotidianamente los problemas. O sea, dejamos que poco a poco nos afecten sin tomar cartas en el asunto, antes de terminar de tajo, con esa relación malsana.

El relato toma fuerza cuando escuchamos y llenos notas sobre la crisis hídrica en Monterrey y su zona conurbada. Refieren, los Regios, estar enfrentando la peor situación de la historia moderna en cuanto a disponibilidad del agua potable. Algunos de ellos, aterrados, hablan de más de 4 días sin el vital líquido y otros exclaman que se han visto obligado a desembolsar cantidades abundantes de dinero para comprar agua de pipa, de garrafón o embotellada, para satisfacer sus necesidades inmediatas, apremiantes.

En Baja California Sur, con excepción de Mulegé que tiene el único río de la península, todas las comunidades enfrentan – desde hace años, o décadas – esa carencia, escasez, ausencia de agua potable. Siendo una región semidesértica, con una estación lluviosa determinada por la temporada ciclónica de verano – otoño, y suelo arenoso e la mayoría de la superficie territorial, la posibilidad de contar con recargas de acuífero, o de escurrimientos continuos es casi nula. O sea, posibilidades de modificar nuestra situación no hay a la vista, por el contrario, seguimos dependiendo de las lluvias estacionales y cataclísmicas, o de la desalinización del agua de mar, que nos rodea por ambos litorales.

Tal vez, Monterrey haya enfrentado algún momento así; tal vez, también, no tan grave. Pero no están acostumbrados a ello. Nosotros, sí. Desde las colonias paceñas o en el Valle, donde el tandeo requiere menos de siete días en dar la vuelta… o las zonas privilegiadas de San José del Cabo o Cabo San Lucas donde hay agua cada semana, o si bien nos va, cada 15 días. Aunque la media requiera de tres semanas a un mes para medio llenar tinacos, cisternas, botes, cubetas, convirtiendo el día que hay agua en una efeméride de lavandería, limpieza, riego y baño en regadera.

No se trata de ver quien está mejor o peor, tampoco de quien es más “aguantador” o quien es menos resistente a la sed, la situación es aterradora, desgastante pero reveladora.

No tenemos mucho tiempo para buscar culpables, soluciones o ayuda del gobierno En la gestión individual familiar y comunitaria está una posible solución.

Es necesario hacer algo al respecto, porque quedarse esperando será más costoso que iniciar hoy, mortal por decir lo menos.

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